Ayer,
día de San Miguel, se cumplieron 89 años del asesinato de nuestro alderdikide,
alcalde y compañero Fortunato Agirre. Hoy nos volvemos a juntar aquí, en el
cementerio de Lizarra para rendirle homenaje y mantener vivo su recuerdo, un
año más.
Este
pasado domingo celebrábamos Alderdi Eguna, un día especial por ser también el
año en que cumplimos 130 años como partido. En él Aitor Esteban lo dijo
claramente: “Nuestra tradición política
está clara: 130 años en defensa de la patria vasca y en defensa de la
democracia y los derechos humanos.”
Estos
130 años construyendo la casa común de los vascos no habrían valido para nada
de no tener cimientos sólidos. Cimientos que nos entregaron la generación a
quién hoy homenajeamos: La generación de Fortunato Agirre y Manuel Irujo.
Para
mantener vivo su recuerdo debemos dar a conocer su figura. Fortunato fue un
hombre bueno, un abertzale comprometido y un buen alcalde. Durante su mandato
la ciudad progresó: Construyó carreteras y el túnel que hoy lleva su nombre,
mejoró el alcantarillado y la pavimentación, combatió el paro y mucha gente
encontró empleo gracias a él, trazó el ensanche de la ciudad; pero no solo eso,
también fue fundador de la escuela vasca (la primera ikastola), o del Osasuna.
Fue el mejor exponente de aquella máxima que dice: el progreso económico debe
traer progresó social.
Con
todos estos méritos no fue hasta 2013 cuando contó con un merecido
reconocimiento en Lizarra. Como dijo hace unos años nuestro compañero Ritxar
Gómez de Segura: Fue un reconocimiento tardío, pero un reconocimiento justo.
Hoy repetimos el homenaje, para que sigan entre nosotros y no perder nunca su
memoria.
En un tiempo en el que parecen abrirse nuevos
fosos en la sociedad ejemplos como el que proyecta Fortunato Agirre deben ser
los que guíen nuestra actividad. Esfuerzo, trabajo duro, humanidad, nobleza,
pero, sobre todo, diálogo y compromiso.
No
quisiera terminar sin rendir también un recuerdo a Clemente Ros y Federico
Leza, Jefe de Policía municipal y policía de Estella, asesinados también junto
a Fortunato. Pero sobretodo un emocionado recuerdo a Elvira Aristizabal, esposa
de Fortunato, y ejemplo de resistencia y dignidad.
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